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Domingo, 10 de abril de 2005

Los peces de colores se comen las serpientes de mantequilla

Hay lugares en el mundo por donde sale el sol, donde siempre amenece, continuamente amanece, un amanecer de veinticuatro horas. Lugares solares, donde la luz marca a la gente lo que debe hacer, sólo aquello que fuera luminoso. Me gustan estos lugares porque invitan a dar vueltas sobre uno mismo, con los brazos abiertos recogiendo todo rayo que le llegue. Hay lugares en el mundo donde siempre el sol se oculta, donde anochece, donde sólo anochece. Lugares lunares, donde el reflejo es la esencia de la vida, porque la luna es reflejo de la luz de los demás. Me gustan estos lugares porque uno descubre y se sorprende, su yo oculto, como si fuera otro yo que te poseyera y escribiera sobre ti. En los lugares nocturnos no se abre los brazos a la espera de los rayos de sol, se abre la mente, el nous creo que decía Platón, el ojo del alma, como una lechuza, para conocer la realidad verdadera, el reflejo. Lugares de sol, lugares de luna, amaneceres y anocheceres, la luz y su reflejo, y en medio, el hombre, yo, queriendo esclarecerse. Somos mitad sol y mitad luna, mitad luz y mitad reflejo, ¿somos sólo reflejo? Porque es probable que el reflejo sea lo que nos esclarezca. La vida es la persecución de un reflejo y la espera de un rayo de sol, o ¿debo de elegir? Responder a esta pregunta es como responder al enigma que me planteaban en el bar, responda lo que adivine, estaré equivocado. Espero que el camino me dé la repuesta y que los peces de colores que aguardan su comida en la pecera, no se mueran de ausencia del trópico. Ausencia de luz, ausencia de reflejo, también podría ser un esclarecimiento la ausencia. La gente adivina su propia ausencia y se la oculta. Esta misma tarde conocí a un hombre que sabía de su ausencia futura, pero sólo la nombraba en el remoto nombre que adquiere en los otros ya ausentes. De todas maneras, no era él, al menos no era su luz, era su reflejo nocturno. Hoy estuve con un hombre que vivía en el anochecer, era lechuza levantando el vuelo, que sólo ya era reflejo. Su rostro semejaba al de una serpiente mudando la piel, construído en mantequilla derretida. Los peces de colores del trópico esperaban la vez para triturarlo como las pirañas trituran un cadáver. Quería mirar, pero la luz del reflejo me aturdía, y este aturdimiento no sé si formaba parte del esclarecerse, del anochecer, de la luz o era el ruido de las mandíbulas de los peces de colores. Esclarecerse, siempre resulta duro, como una hecatombe. Por éso bostezo. Quiero ir a dormir.

Por: JM. Prado - Antúnez | General | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Los búhos necesitan de la oscuridad para cazar. La luz les impide ser fuertes en la supervivencia.

Ya sólo creo en las luces de mentira, en las de neón. Y no siempre.

Pongo un enlace en "EL POETA MIRON"

Luis Amezaga | 11-04-2005 16:29:25

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